lunes, 29 de abril de 2013

Flores negras



¿A dónde van esas niñas morenas?
Niñas morenas
Como nubes,
Como cántaros
¿A dónde va su belleza negra?
¿Dónde esta Francisca,
Martha y Damiana?
¿en qué burdel, en qué camino,
Debajo de qué piedra o de qué puño?

Ojos de noche triste,
Sueños de flor de noche,
Ojos indios de pluma y punto,
Igual de ardientes,
Igual de brasas
Qué lanzas de obsidiana,
sus pestañas de una selva extensa,
de continente virgen.
¿Dónde esta su cuerpo de ámbar negro,
De cedro verde?

Sólo es posible verlas hasta los 13 años
Luego engordan, mutan,
Sus pechos se caen, les brotan hijos,
Se les caen los dientes, su cabello palidece.
Aquella que sobrevive va al mercado negro
Y paga su belleza exótica
Tragando litros de sangre blanca

Sólo veo flores glaucas,
Desfilan por las calles,
 un poco marchitas,
Muestran sus venas y granos
 arrugas y manchas finas,
 piel de madera vieja.

Las niñas de miel no crecen, no maduran,
Son cortadas de tajo.
 pagan por ver su cuerpo desnudo.
Ese que hasta los 13 contempla el hombre
 aunque no lleva medias negras,
Ni sujetadores de encaje.
Sólo prendas sueltas
Y faldas largas
Si la vez huélela, respira su humedad
Luego, su figura se deshace,
Se diluye con el viento.

Una mancha de sangre sobre el piso



Un mancha de sangre sobre el piso
¿Cuánto puede durar?
Rosácea, negra,
Compuesta por gotas finas,
Chocolate a punto de secarse
Pardo, café, rosa
¿Cuánto puede durar sobre el asfalto,
Sobre la ropa
Cuanto dura una mancha en la memoria?

Aquí guardo un álbum fotográfico
Cada 2 segundos
Llegan a mí imágenes grotescas
Sacudo la cabeza,
Intento mirar hacia otra parte
¿Dónde?
Y busco en la galería de imágenes mentales
Una fotografía escasa, dulce,
Con sabor de helado derretido
Busco
Algo que deba durar más
Que una mancha de sangre
Sobre el piso.

La servilleta



Karen esta sentada en la cocina. La cocina es un lugar sagrado para huir de sus pensamientos. Resulta casi imposible concentrarse en sí misma mientras su abuela habla. Karen la observa con atención, cada vez le cuesta menos concentrarse en lo que dice. Recuerda que hace unos años, cuando creyó volverse existencialista, evitaba conversar con ella porque los temas le parecían demasiado frívolos y triviales. Ahora nota el parecido que va adquiriendo con ella, la rapidez al hablar, la inconexión con la hilación de los temas.
La abuela Martha, esta noche ha comenzado a hablarle de sus malestares, tema recurrente en este recinto. Karen asiente con la cabeza pero cada determinado flujo de palabras le es imposible no pensar en sus propias dolencias: le arden las sienes, duele la cabeza, le hormiguean los ojos, tiene ganas de llorar, tiene una palabra atravesada en la garganta, una lágrima ha infectado su torrente sanguíneo y amenaza con deshacer su corazón de sal.

-Mañana es cumpleaños de tu tía Ceci- dice la abuela- y hará dos años desde que me hubiera ido. Mi mami ya venía para llevarme. Llevaba una servilletita agarrada, siempre estaba agarrando una servilletita. A veces yo también tengo ganas de sostener algo entre mis manos, de asirme a algo, de que algo sea capaz de sostenerme.
-Yo también lo siento- respondió Karen.
-En tu Caso lo entiendo, ¿pero en el mío? no lo sé, es una sensación de estar flotando a la deriva -comento su abuela.

Claro que Karen lo entendía. Recordaba la ultima vez que había sentido eso, llevaba en la mano derecha el pañuelo con el que acababa de sonarse la nariz, Joaquín le soltó la mano y sin decirle que se adelantara comenzó a fumarse un cigarrillo. Le soltó la mano y esa mano era lo único que la hacia permanecer en el mundo, su único contacto con la realidad y ella de repente se había sentido perdida. Karen se había imaginado su entrada triunfal tomados de la mano, mientras ambos sonreían. Sus  amigos  también esperaban verla entrar así, no con esa expresión de desconcierto y todo porque le había soltado la mano, así, sin previo aviso y en ese preciso momento. Karen  apretó con fuerza el pañuelo al saludarlos, mientras por alguna razón recordaba la sensación que tenia al enseñarle a su madre sus primeras acuarelas, solo que en esta ocasión le parecía que había abandonado el amarillo y que su vida se quedaba temporalmente  invadida por una avalancha  gris.



Cuestion de tiempo



Decidí encerrarme en mi habitación.
Necesitaba llorar todo lo que tenia dentro.
 Lloré hasta hincharme, hasta que mis párpados se desprendieron de mis ojos. Mis poros reventaron, brotaron lágrimas de cada centímetro de piel. La costra que se me había formado, se reblandeció, estallo hasta desprenderse en tiras. Mi sangre se licuó entre el abundante fluído hasta que perdí el equilibrio, la conciencia.

Al día siguiente cuando pensé que el peso que ahogaba mi corazón seria menos grande, pensé que podría sonreír y volver a sentirme satisfecha. Me di cuenta de que no había aprendido nada. Descubrí como una mujer había ocasionado el diluvio llorando 40 días y 40 noches. Me sentía triste, y no sabia si 40 días serian suficientes. Como fuese, el día llegaría. Era joven, aun tenia para llorar todo una vida. Con el tiempo uno no puede darse los mismos lujos.


Marioneta



De repente siento un sabor acido en la boca. ¿De donde procede la insatisfacción?
Tengo la mascara  colocada en su sitio, zapatos cómodos para correr, huir de mi misma si es posible.
Las palabras se estrellan en la parte frontal de mi cerebro.  Estrella errante, condenada la obscuridad por siempre escucho el lamento y siento que algo por dentro me hace desplomarme. Soy una trágica, pero es cierto, soy un astro sin luz. Estoy perdida, inmersa  en la oscuridad que me rodea, ahora me doy cuenta del vacío, porque una luz me ha tocado. El destello que ha prendido fuego a mi lado oscuro.
Si al pudiera alimentarme de flores, si al menos tuviera un cuarto de paredes blancas, una ventana sin barrotes y un montón de jeringas con anestesia.
Recuerdos. Mi tercer cumpleaños. Tenia un vestido verde agua, alguien ha entrado, me abraza, me entrega una caja envuelta en papel de color rosa, encuentro un osito celeste, una bicicleta y una carriola, todos caben en la palma de mi mano. Pienso en la imagen de una historieta que años mas tarde me regalo mi abuelo. Almendrita transportada por un mirlo gigantesco.
Soy una extraña. No hay nadie para tomarme de la mano. Por la noche las sabanas me rozan y endurecen mis pezones. A veces lloro porque no hay nadie para hablarme del reflejo del sol en el verano. Esta cuidad es tan grande que los muros se caen sobre mis hombros.
Escribo:
Me brotan pájaros
Tu olor esta debajo de mis uñas
Lluvia de granate tiñe
El rocío de las flores
Pero no quiero escribir poemas, quiero sentirlos. Quiero sentir.
Ayer la vi, estaba borracha. Lloraba. Estaba en la plaza, sentada frente a un antro. Su falda corta dejaba ver unas piernas largas y delgadas. Medias azules se cortaban a mitad del muslo. No llevaba bragas. Sus piernas abiertas dejaban ver unos pétalos abiertos de carne oscura y rosa coronada por un montículo de bello. Un hombre se ha acercado le coloco la mano sobre su erección. Ella sonrió y dijo que se estaba volviendo célibe. El hombre se alejo cuando ella dio la segunda arcada. La miraba de lejos. Me gusta hacerlo. Mirarla. Me ha enseñado a descubrir que también es posible despreciar a través del sexo. He decidido no abordarla. No creo que busque una mujer. No la necesita. ¿Que es lo que yo necesito?
Quiero volver a ser una mariposa. ¿Donde se escondió la mujer azul?
Me refugio en la ausencia, en la textura de palabras. Olfato. Antena. Amarillo. Injerto. Tumefacto. Huelo a lluvia. Estoy hambrienta como una jauría de lobos. La gente me reprocha. ¿No pueden entender que soy yo la que se abandona? Estoy cansada. No tengo labios rojos ni olor a jamaica. Soy una marioneta color gris. El amo me viste con ropa colorida. Mi piel es gris. Carece de vida. Puedo sentarme en la inmundicia ajena, pero soy incapaz de defecar y de sangrar. Quisiera revolcarme y poder comer mi propia mierda.

miércoles, 17 de abril de 2013

Puertas

La muchacha dijo


Aquí hay una puerta,

No estaba sola

Vestía una túnica

O un pantalón gastado

O un jersey un poco grande

O un kimono.

Los sueños rotos,

Eso sí,

Como cada sábado.



Estaban a punto de dormir

Y repitió en voz alta:

Aquí hay una puerta

Y se durmió pensando en ello,

Su subconsciente le repetía como un eco:

Aquí hay una puerta

Aquí hay una puerta

En sueños

Se preguntaba donde,

Y sobre todo

Si la puerta estaba abierta.



Finanzas

Pese a todo


Te quedas en casa, sin ganas de salir,

Pese a todos,

Piensas en las cortinas verdes,

En el rostro verde de Sor Juana,

El verde es vida,

El verde es el color de la esperanza.

Es casualidad que los dólares sean verdes.



Contabilizas tu sueldo cada día,

Restas los gastos, multiplicas,

Intentando saber cuánto vale cada segundo de tu vida

6 pesos por hora es igual a un peso cada 10 minutos,

La suma sería alta si el contador siguiera marcando

Mientras comes o duermes o escribes,

Lo único que hace es disminuir

mientras digieres,

Gastas las suelas, y adelgazas o engordas

Y te crecen las uñas, el cabello.



Observas la ropa que no usas y que tienes aquí para vender.

Las ganancias te sirven sobretodo

para ir a algún bar, de vez en cuando,

a pensar en las cortinas,

verde vida, como el verde color de la esperanza…

a multiplicar y dividir

mientras observas los exorbitantes precios de la carta.



El gato

La Coordinación de Juventudes Laicas tuvo a bien presentar un programa de citas ante la creciente dificultad de sociabilidad humana y ...