jueves, 5 de agosto de 2021

Desnudo eras una bandada de palomas.

Desnudo eras una bandada de palomas.

Hoy evaluó tu ausencia y pienso en lo que eso me significa…

cuando dijiste: “no tengas nada entre las manos, ni un recuerdo en el alma”,

y es que yo soy radicalmente lo contrario,

traigo las manos tan llenas de lombrices,

traigo las manos manchadas, y las uñas sucias,

tan llenas de costras de lodo, y de deseo,

las manos sucias de tanto enterrar los dedos en la tierra.

Los ojos llenos,

el alma llena, rebosante,  des-bor-dan-do-se.

De cuando en cuando el alma se me escurre a chorros,

ríos de mi alma he llorado, y también una que otra tormenta.

Voy aprendiendo a sotenerme,

a sujetar cada una de mis partes.

Decir te extraño es para mí un acto heroico

para el que todavía no me encuentro lista,

o dispuesta, o disponible,

porque todavía corro, y huyo,

y aun así  lo he intentado

¿qué es lo que todavía tengo que decirte?

qué es lo que todavía, a veces,

me sobrepasa  y me deja temblando.

Y al final, soy esa canción griega, vieja,

que mi amigo “el griego” puso en esa peda,

soy la motita de polvo que alguna vez se fue,

pegada al sol, bajo la puerta,

que tras unas huellas,  estalló, evaporándose.

Soy la luz y la magnificencia

soy esta oscuridad que algunas noches me abruma sobre el pecho

esa que salta intenso sobre la cama impidiéndome dormir.

Soy la calma, la paciencia,

soy la bondad infinita,

soy la lluvia escurriéndose,

goteando bajo mis párpados

arriba, en medio, delante y detrás.

Soy sagrada, soy divina

soy la fuerza y la debilidad,

el nudo en la garganta que libero una vez, ahora

cuando grito, y vuelvo a mí.   

 


Tu cabeza rodó sobre la alfombra


 

El nenúfar que asfixiaba mi pecho crecía sin medida, lanzaba dentelladas furiosas. La angustia manchó los muros con exhalaciones de color rosa. Sentí miedo, busque tu mano. Tu cabeza rodó sobre la alfombra, las pastillas se escurrieron del frasco caprichosas entonces la corbata me mordió.

 


 

Improvisación hecha a partir de la frase: “entonces la corbata me mordió”, en Diablos Azules, Malasaña, Madrid, 2011.

Máquina


Me siento tan fuera de la maquina

que a veces los recuerdos son solo formas grises,

he olvidado a los médicos de bata blanca,

los que creían que podían enseñarme a menstruar, a venirme, y a parir…

Me olvidé de Madrid,

de sus aceras cargadas de pesadumbre,

 de sus calles pegajosas, de tan llenitas de polen,

me olvidé de cómo era estar callada

y descubrí lo que era estar realmente húmeda,

descubrí lo que es arder solo con risas y miradas.

Me olvidé de Cioran hace mucho, y

aborrecí sus estertores,

y hoy me siento tan fuera de la máquina

que apenas recuerdo las cosas grises,

los días grises, las caminatas grises,

las playas, grises,

los distintos tonos de gris dentro del metro,

los grises negros del asfalto,

mis parpados grises cerrándose de cansancio en los vagones,

hoy apenas recuerdo el caos

o a la angustia que me produce,

o la frialdad apacible,

o la cordialidad que habita las miradas sesgadas.

Me siento tan lejos de la maquina

que hoy sueño con dragones,

 a veces me rio demasiado

y durante días siento dolor en las costillas,

me duelen de tanto reírme,

de tanto oler las flores,

de tanto perseguir los unicornios,

de tanto percibir llamas violetas.

Y esto se siente tan fuera de la máquina

que hoy también me siento fuera

de la maquinaria del poema.

Aquí solo quedan gatos y vísceras.

Me quedan unos poemas realvisceralistas,

y es que, es tan poco el poema pero es tanta la poesía,

me queda el canto, y la lluvia,

 la belleza siempre,

y el cabello largo,

y el pozo de amor propio,

Y hoy me siento tan fuera de la máquina,

tan lejos el vértigo

 y tan cerca la nostalgia,

tan fuera del exilio

y tan cerca de los amaneceres húmedos,

empapados de agradecimiento y de rocío.

Tengo el pecho tan henchido que apenas puedo escribir,

apenas puedo pensar en el goteo de la máquina,

porque hoy sueño panes y peces,

porque hoy la tristeza no anida aquí,

porque percibo un amor suave y dulce,

peludo y blanco como un conejo,

porque me expando con los rayos rosa

de ese amor conejo acurrucado en mi pecho.

Hoy me siento tan fuera de la maquina

que sueño con los pies mojados,

y apenas recuerdo esos atardeceres raros y secos,

aunque a veces todavía tiemblo.

Hoy nada sé de hélices, herrajes, tornillos, motores, catapultas…

Hoy bailo con palabras en un lenguaje de planetas y orbitas,

 tan cerca de la Diosa del agua, tan cerca del Dios de los pájaros…


 *poema Ausencia del durazno, a partir del tema: máquina

sábado, 8 de mayo de 2021

Non sono il nutrimento della vita (Una riflessione dall’ecofemminismo)

 

 

 

 

Castrarono anche me quando nacqui,

mi vestirono di rosa,

A lei strapparono la pelle verde per la rossa.

Mi insegnarono a non dirle grazie né mi spiace,

Perché i suoi rami non soffrivano.

 

Dicono che lei è la vita, ma non sente,

che sono nata per allattare,

che entrambe siamo il nutrimento della vita.

Affermano che i tori non piangono

neppure i cavalli, gli uccelli,

i conigli, gli orsi, i topi…

e quando chiesi

cosa sentono gli insetti

non mi dissero chiedilo alla tua

lingua-farfalla.

 

Il “razionalmente” umano è così assurdo

da credersi in diritto di dire sugli altri,

Chi sì, chi no, come sente, se non lo fa, e in che misura…

 

Loro, i padroni della logica

si siedono sotto le nostre ciglia

a sorseggiare il caffè e il miele che si rovescia dalle nostre cosce.

Aspettano, mentre la chiamano scenario o “ambiente”,

e mi chiamano vergine, fertile, pazza, puttana o madre. 

 

 

Non m’hanno insegnato a dire

neanche del mio corpo-territorio,

come mai potevano spiegare che gli alberi conducono il suono del mondo,

e gridare che nei nostri sogni non siamo cullati da dio, ma sì da loro.

Come mai potevano spiegare che l’ ablazione

e la indifferenza alla sofferenza di altri è uguale e comparabile?

Come riconoscere che la nostra storia

non è che la continuazione della storia di animali e piante.

Come riconoscere che l’altro è te stesso,

io sono l’animale.

 

Il mio istinto, la rabbia, il desiderio, la paura,

I miei sogni sono quelli suoi.

Non siamo realtà antagoniste.

 

Cosa proverebbe se dicessi

Che per la prima volta la “luce” non sta dentro la mia ragione,

E neppure da essa emana.

Se questa volta cercassi dirle grazie

Dal mio cuore, dal mio utero.

 

Nota:

 este es un poema bastante viejo, quizá del 2015... cuando fui parte del primer seminario de escritura feminista. La traducción se la agradezco infinitamente a Rosalba Piazza, por haberla hecho, por haber resonado a través de esas palabras, por acompañarnos siempre... no la había subido antes, la traducción es de 2020.  

 

No soy el sustento de la vida

Una reflexión desde el ecofeminismo

 

A mí también me castraron cuando nací,

me vistieron de rosa,

a ella le arrancaron la piel verde por la roja.

Me enseñaron a no decirle gracias ni lo siento,

 porque sus ramas no sufrían.

 

Dicen que ella es la vida, pero no siente,

que yo nací para amamantar,

que ambas somos el sustento de la vida.

Afirman que  los toros no lloran

ni los caballos, ni los pájaros,

 los conejos, los osos, las ratas…

y cuando pregunté

¿qué sienten los insectos?

no dijeron, pregúntaselo a tu

lengua- mariposa.

 

Lo “racionalmente” humano es tan absurdo

que se cree con derecho de decidir sobre los otros,

quién sí, quién no, cómo siente, sino lo hace, en qué medida…

 

Ellos, los dueños de la lógica,

 se sientan bajo nuestras pestañas

a sorber el café y la miel que se derraman por nuestros muslos.

Esperan mientras la nombran escenario o “medio ambiente”,

y a mí me llaman virgen, fértil, loca, madre o puta.

 

 A mí no me enseñaron a decidir

ni siquiera sobre mi cuerpo-territorio,

cómo iban a explicar que los árboles portan el sonido del mundo,

cómo iban a gritar que en este sueño no somos arrullados por dios, sino por ellos.

Cómo  iban a mostrar que la ablación

y la indiferencia ante el sufrimiento de otros, es parecida y equiparable.

Cómo reconocer que nuestra historia

es sólo la continuación de la de animales y plantas.

Cómo reconocer que el otro es uno,

el animal soy yo.

Mi instinto, mi rabia, mi deseo, mi miedo,

mis sueños son los mismos que los suyos.

No somos realidades antagónicas.

 

¿Qué sentiría ella si dijera

que por primera vez la “luz” no está contenida en mi razón,

ni mana de ella?

Si esta vez intentara decir gracias

desde mi corazón, desde mi útero.


 

 

 

 

 

 

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