Lección de vida
Cada día paso saltando sobre él
Con los pies enfundados
En botas de hule,
Con pensamientos negros,
Menos negros,
Grises,
Tan negros
Como las nubes que persiguen mis pasos
Lanzando gotas.
Cada día que piso corriendo sus raíces
Y lo veo,
Me pregunto si yo seré
Algún día como él,
O seré siempre
Igual a esa planta de hojas amarillas
Que tengo en casa
Viviendo el síndrome
De “trasplante muy reciente”
Que aunque ya ha sentido tantas lunas,
Tanto sol y tanta lluvia,
a pesar de todo
no sabe ser fuerte.
orquidea psicopata
miércoles, 3 de octubre de 2012
A aquel, el unico, Que me regala la furia de sus noches
Y la paz de su mirada.
La memoria es a veces
un cesto lleno de papeles sucios,
Sueños ajados que brotan
Como un vomito,
Arrojados convulsivamente desde adentro
Y aún gritan
Yo valgo más que para esto
Yo se escribir:
Escoba,
Trapear,
Pulsera,
Pulso.
Yo que he soñado con hermafroditas bélicas
Con el ojo dentro del ojo,
Yo que desconfié de la naranja Mitrianica
Yo que pensé en huir
Y en ganar esta lucha
Solos tú y yo contra el mundo,
Solo atino a
Apartar de un manotazo
Esos pensamientos innecesarios
que vuelven la rutina un poco peor,
que dejan en la boca ese sabor amargo
que no quiero contagiarte en cada beso
mejor eso,
un beso que cure el remordimiento
y traiga calma
y como siempre sea bálsamo al ardor.
orquidea psicopata
Esta casa
Mi casa,
no otra sino la mía.
Cobija mis sueños, mis malos humores y
Nuestro calor
Pero también las guarda a ellas,
Las otras
Sus ocho patas, sus seis mil ojos, sus branquias
Pongo incienso,
Oigo cantos gregorianos,
Mascullo entre dientes
Trisagios, mantras, magnificas…
Pero ella se resiste
Al ámbar
A la ruda
A los vedas
Porque es un ente vivo
Potro salvaje
Perfume insatisfecho
Que mancha,
Se agrieta
Y vive
Al compas de dos cajas torácicas.
orquidea psicopata
Mi casa,
no otra sino la mía.
Cobija mis sueños, mis malos humores y
Nuestro calor
Pero también las guarda a ellas,
Las otras
Sus ocho patas, sus seis mil ojos, sus branquias
Pongo incienso,
Oigo cantos gregorianos,
Mascullo entre dientes
Trisagios, mantras, magnificas…
Pero ella se resiste
Al ámbar
A la ruda
A los vedas
Porque es un ente vivo
Potro salvaje
Perfume insatisfecho
Que mancha,
Se agrieta
Y vive
Al compas de dos cajas torácicas.
orquidea psicopata
jueves, 23 de agosto de 2012
La Caida
Hoy por primera vez conocí el significado del miedo, no se trata de un concepto abstracto el cual haya podido aprender, entender, al menos hasta ahora. Si me obligaran a llamarlo de forma alguna lo nombraría, desesperanza.
Tengo miedo de parar, detenerme seria fatídico o tal vez no, ¿Qué sentido tiene conservar el testimonio de algo que jamás será leído ni estará al alcance de ninguno? Es probable que a este virus nadie sobreviva. Pero antes los libros tampoco eran leídos, terminaban devorados por el polvo, carcomidos por el paso de los años, no sé cuando comenzó, ahora me pregunto si ahí nació el germen que ocasionó nuestra caída.
Los acontecimientos que últimamente han sobrevenido y me han atrapado en este vórtice me obligan a cortar con las vivencias que hasta ahora conformaban este diario. La responsabilidad hiere mis huesos, esta carga es demasiado grande para un hombre solo.
Me veo obligado a introducir aquí este relato, con la única esperanza de que alguno pueda leerlo todavía:
El mundo antiguo baso su desarrollo y su crecimiento en un recurso perecedero, una especie de resina. La población creció inevitablemente, por absurdo que parezca la necesidad de ese producto no disminuyo, como si se tratase de una droga su consumo creció y se volvió imprescindible en la alimentación, en el vestido, limpieza, transporte, comunicaciones, fabricación de viviendas y absolutamente todos los enseres. Como era de esperarse sobrevino la caída, la perdida es incalculable.
Sabemos que antes existían escuelas especializadas, que cada uno era etiquetado y clasificado, que desempeñaba una función acorde a sus características, por desgracia nuestro conocimiento del pasado es insuficiente y nunca hemos podido llegar a entender los móviles de su comportamiento, su fin nos hace preguntarnos si se debió puramente a la ignorancia, la indiferencia o más bien a un irreductible impulso autodestructivo que siempre los precipito hacia el abismo.
La única responsabilidad de nuestra especie es escribir cada día una frase de la historia, con la finalidad de evitar repetir los errores del pasado, de reafirmar nuestra individualidad o simplemente dejar una huella tangible de la existencia de cada uno de nosotros.
Cada libro es guardado en un recinto publico, su contenido es único y su llenado es absolutamente bajo la responsabilidad de cada dueño, sin reglas ni presiones, el único requisito es plasmar por lo menos una frase cada día, nunca, bajo ningún motivo debe dejar de hacerse esto, pues acarrearía consecuencias catastróficas.
Hace poco tuvo lugar un mal que nunca antes había visto, una especie de desaliento que parecía transmitirse como un virus, las personas se infectaban extraordinariamente rápido, las tareas comunitarias, todas aquellas labores que aseguran que nuestras necesidades básicas estuvieran cubiertas fueron abandonadas, después vino el peor golpe cada mujer y cada hombre abandono la labor del llenado de su historia, así, como por descuido. Lo grave no es solo que todas esas vidas se pierdan sin testimonio ni sentido. Lo preocupante es que ahora abandonamos el lenguaje, ese que quizá fue la única arma que nos hizo los descendientes de esa antigua civilización. Nos precipitamos de nuevo irremediablemente hacia la nada, hacia el vacio. No solo se encuentra en peligro nuestra especie sino también la posibilidad de que al menos se conserve algún vestigio.
Por eso escribo, por eso tengo miedo de parar, quiero ser el último. Porque sé, porque he visto que soy el único que aún se rinde ante olvido, ese que todavía respeta la única regla que nos hizo resistir. Porque pienso permanecer hasta el final, temo que me falten fuerzas y ya no pueda, cuando ni una palabra ni una ultima, porque entonces…
orquidea psicopata
Un trabajo mecánico
Empleado A, ayudante B, auxiliar C, escogió el puesto porque lo requerían solo durante doce horas, no catorce como en la oficina central ni dieciocho como en la fábrica cincuenta y ocho, donde anteriormente había trabajado.
El día que leyó en el periódico “se solicita empleado A, buena remuneración, requisitos: sexo: masculino, edad indefinida, y con conocimientos en administración” caminó de prisa hacia ahí.
Es un trabajo sencillo le dijeron. Un trabajo sencillo, que sin embargo no admite distracciones, cualquier pensamiento banal tendría consecuencias catastróficas, tal como le advirtieron: un movimiento en falso y las cuadrículas ya no serían simétricas, entonces las actas no podrían llenarse, los magistrados emitirían una queja, verían su número de empleado cuidadosamente escrito al reverso de la página, revisarían sus siglas EA, AB, AC, entonces él…
Un trabajo sencillo, adecuado a sus capacidades y a su temperamento, solamente debía trazar líneas en ángulo recto, siguiendo las medidas adecuadas. Un trabajo mecánico, sus manos se deslizan de una forma ya automática.
Si sólo por una vez rompiera las normas y alzara la cabeza para observar los rostros de los demás empleados, cada uno idéntico a él, realizando exactamente el mismos trazo, siendo cada uno el empleado A, el ayudante B, el auxiliar C, quizá podría levantarse y salir a conocer el mundo ¿para qué? Para recorrer una vez más las demás fábricas, los otros mundos llenos de fojas y polvo, de hojas de cálculo, las torres de estadísticas...
Quizá lo más difícil de su trabajo sea dejar los cientos de folios sobre el escritorio, con la orden estricta de dejar secar los trazos, para encontrar al día siguiente, exactamente los mismos cuatrocientos noventa y seis folios, para empezar a trazar las mismas líneas, sin pensar, sin pensar en el pequeño detalle de que la tinta al secar se vuelve transparente.
Orquídea.
viernes, 17 de agosto de 2012
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