sábado, 27 de junio de 2009

EL CHICLE



El chicle

La noche se pega a mi paladar. La oscuridad es un chicle amargo que me hormiguea en la boca. Camino sonriente bajo la lluvia que cae sobre mí y destiñe mi sudadera negra, dejando una mancha oscura en el pantalón. La lluvia es fina, las gotas caen oblicuas, movidas caprichosamente por el viento frío. Camino hacia mi casa, hablo contigo, conversamos con un lenguaje de colores, de fibras minúsculas, sintéticas, se deslizan bajo nuestros brazos y nos obligan a bailar. Cierro los ojos, mi mente es un caleidoscopio. Me uno a ti por fibras verdes parecidas al pasto pero de una textura porosa. Dejo que la alegría se me dibuje en la cara, bajo el pelo empapado que cae sobre mi frente. Dejo que  la sonrisa me brinque en el corazón. Tiemblo victima de la inercia,  mis dientes castañean pero no tengo frio. Siento las piernas jaladas por hilos dorados y algo cálido, como un duende o un niño, se recuesta sobre mi vientre, juega con los dedos de mis manos, se divierte coloreando mis pestañas.
Entramos a un café y tú  preguntaste si podíamos  usar el baño. Saqué una tarjeta y separaste el fino polvo en cuatro líneas delgadas y simétricas, enrollaste un billete y aspiré. Mi cerebro se inundó con una brisa fresca, la nariz me ardió ligeramente y se despejó, de haber querido me habría vuelto  Jean Baptiste Grenouille. Oí un tintineo dentro de mis sienes. Una nariz enorme aspiró con fuerza  mis pensamientos.  Yo ya no era materia gris, era polvo fino iluminado por un rayo de sol. Polvo en movimiento.
 Recuerdo gente bailando dentro del bar.  Me miré, yo no estaba ahí, alguien me había dibujado sobre el espejo del baño. Una copia exacta, pero con demasiado brillo en los ojos. No había nada en mi rostro que me delatase sólo estaba esa sensación en el pecho, cálida, dulce, acurrucada, adormecida entre mis brazos. Estuvimos poco tiempo allí. Fuimos a la casa del güero porque te enteraste  que había comprado un kilo de mariguana. Se quedaría con un cuarto y revendería lo demás. Un buen negocio para nosotros también, resulta más barato comprar un cuarto entre dos o tres.  En su casa jugaban cartas,  al perder se toman un caballito de posh. Vamos al baño una vez más. De nuevo son cuatro las líneas paralelas y simétricas. Aspiro. Me arde la nariz.  Mi cerebro se refresca como si me diese una ducha de agua helada.  Me has regalado “el chicle”, me haz explicado que cuando la grapa se termina, se puede masticar la pequeña bolsa. Todavía quedan fragmentos blancos en las esquinas, se han humedecido y han formado una pasta. Mastico, siento un gusto ligeramente amargo que se vuelve ácido, después dulce, mis mandíbulas se habitúan a esa presencia y la acogen machacándola con suavidad, una, dos, mil veces… dejo de pensar en ello, dejo de controlarlo pero continúo masticando el chocolate envuelto en papel metálico que tiene como premio la felicidad.
Observo  las paredes, son muy altas pero  puedo escalarlas, soy la única que puede ver su magnitud. Mis patitas se mojan en las motas coloridas sobre el muro, asciendo rápidamente, transporto sobre mí un pedacito de luz, lo dejo caer desde arriba. El insecto soy yo, la estatua y el hambre. Alzo la cabeza, abro la boca y vuelvo a cerrarla con rapidez. Nadie se percata, pero sé que me he comido un pedazo de luz. No puedo ocultarlo porque mi rostro se ilumina, mis brazos, mis piernas, la luz dorada camina por mi piel, resplandezco en comunión conmigo misma y siento que he probado la carne de Cristo.
Bebo. Me tomo un trago de posh con colillas de cigarro dentro, ese es el nuevo castigo, reímos.  Salgo de ahí, camino contigo. Reímos por nada. Reímos.  Río aún al llegar a casa, después de reñir con mi madre por mi olor y mi mirada  perdida. Rio, soy libre. Vibro. Me cuesta dormir, le doy las buenas noches al niño que duerme arrullado sobre mi pecho,  es peludo y tibio como un gato blanco pero su mirada no es felina, es compasiva, tierna e invade mis sueños.
 Me Despierta la luz de la ventana, he dejado las cortinas abiertas. Tengo una sensación que me rasca por debajo de la lengua, un sabor amargo se expande por mi paladar. El  hueco crece, me duele. Me acurruco entre las sábanas, intentaré volver a dormir.




orquidea psicopata

viernes, 5 de diciembre de 2008

poema

Regálame esta noche
una dosis de locura.
Penetra el nimbus de mi piel
con la semilla del deseo.
Refugiados en la oscuridad,
hagamos el amor en un silencio,
En una pausa de nuestra soledad.
Permite que te recuerde de esa forma
bajo la espiral
de la desnudes y de la sangre.
Deja paladear
la sal de tus heridas,
la dulce amargura de tus ojos.



orquidea psicopata
ANGEL EBRIO:

Fui ángel ebrio, Corazón de luz.
Promesas sangrientas, desfloran.
Angustia, negrura del tiempo me corroe,
me tatúa, sangro, me mancho de tu piel,
de tu silencio.

Habitas la orquídea de mi cuerpo,
anidas al fondo de mi sexo,
rasgas la impenetrabilidad.

No hay salida,
no hay poesía dentro de esta pagina,
no hay palabras.
Es mi corazón, mi angustia,
Silencio sin manera de salir ileso.

Corazón de luz,
ebrio ángel soy sumergido en el vacío.
Fetos sonrientes
se infectan en mi sangre.
Me suplantan en la avenida de la vida.
Tengo miedo de volver a no ser…


orquidea psicopata

VOYEUR:

Te busco aquí
dentro de la cama desértica,
como un presagio dentro de la piel,
en el cuarto lleno de espirales de humo.
Te busco y tropiezo
con la oscuridad
que forja mi retraído espacio,
con las llagas grabadas de tu nombre en mi alma.
Me entrego a respirar
las sales minerales de tu amor,
tu terciopelo.
Como un viajero me entrego a tu recuerdo
me entrego a tus labios sin tocarte.
Tus ojos me habitan por completo
me hunden en la psicodélia secreta del deseo.
Me condeno a observarte.


orquidea psicopata



 cuadro que habita en "Tarumba"
(poemario de Sabines y casa de un querido amigo)

Riqueza


RIQUEZA:

Tengo la mirada perdida.
Decaigo
ante el peso de la luna.
Tengo una marca sobre la mejilla izquierda
y sobre el corazón
una soledad que te recuerda
como un hoyo negro
o una tarde de lluvia.
Tengo los pechos pequeños,
el espíritu frágil y
una nostalgia que me fumo
noche a noche,
por mas que intento arrancarle los secretos
me resulta interminable,
la ingravidez
de tu risa bajo la lengua,
y mi carne,
que se desprende negra en cada costra,
un lunar sobre el parpado derecho,
sobre el hueco en que descansa
la temperatura de tu piel.
Tengo el pelo grasoso,
un nudo en la garganta,
un desfile de rostros,
una procesión de sombras,
una bacha prendida
un tatuaje de tu boca
y un charco gris en la memoria
que se arrastra a roer, a corromper la vida,
el insomnio bajo la sabana,
un catalogo de cicatrices para cada dolor.
Tengo una foto de tu arrogancia, desnuda
que miro entre lo absurdo de esta mirada de puta.
Miro la colección de estampas
que me regala el vacío,
fumo,
recuerdo que
me hace falta una cuerda o una tina,
o tal vez solo me haz faltado tu.




orquidea psicopata


La soledad de mi nombre
vacila en la calle ancha,
suspendido del árbol de la lujuria.
Árbol del deseo, que somos,
en el manto de la noche.
Sudor cálido y amargo.
Vino de la piel
derramado sobre el día, otra vez.
Los minerales son frágiles.


Toca mi sangre animal,
piérdete en mi aliento
de ángel fugaz.
Deja que la muerte penetre
en este instante liquido,
que el silencio nos envuelva,
nos sepulte en su memoria.



orquidea psicopata

POEMA


¿Podría decir una palabra de la vida?
Hablar de la estética prendida de tus ojos,
y los días lluviosos,
las avenidas tristes,
los vagabundos a la vuelta de la esquina,
la necesidad de hablar de ti.
Esta es una vida hermosa
a los ojos de los asesinos, los vagabundos,
los solitarios y las prostitutas.

II
¿Hace falta saciar la ira?
La ira, maldición humana
de inteligencia criminal.
La ira que aumenta
a cada paso de la rueda histórica,
se enreda en los pies, cuelga de los ojos,
se coagula en las miradas.

III
Podría otorgar mi realidad a la palabra
o sucumbir ante el encuentro
del muro metálico.
Sollozos manchan mis alas con la noche.
La dialéctica inventa
una nueva promesa que se deja caer como un suspiro.

IV
Ay, del deseo que me sucumbe,
ay de mí, mujer de trapo,
ay de mi realidad histórica
bajo el filo de la soledad y del vacío.
Arde la angustia no preescrita.
¿Basta una mirada para renunciar al aquelarre
basta un vocablo para negar la sangre?.
Sin la daga del deseo
la carne no se enrojece ni se hincha.

V
No hay suicidas, violadores, ni mentiras,
no hay conspiración humana
que obligue a destruirse uno mismo como a un Dios.
Basta que tus parpados sonrían,
me mires y digas
que a tus ojos,
esto es una vida hermosa.



orquidea psicopata

El gato

La Coordinación de Juventudes Laicas tuvo a bien presentar un programa de citas ante la creciente dificultad de sociabilidad humana y ...